EL OASIS VERDE en la jungla de concreto

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REDACCIÓN POR: Leonardo Reyes

Fue hace ya tanto tiempo que lo verde cubría todo espacio a su alrededor, que las costas y playas daban la bienvenida a este Nuevo Mundo, que los bosques, selvas y praderas eran el hogar de vida libre que cumplía con un ciclo para mantener un equilibrio. Sin embargo, con la llegada del ser humano, esta paz se vio interrumpida.

Ahora lujosos hoteles adornan las playas. Las selvas y los bosques han sido modificados con árboles de concreto y cielos invadidos de cableado. Lo verde ha terminado como un elemento meramente decorativo. Siendo el ser humano una especie que constantemente se expande y parece que nunca se detendrá, hay medidas que deben ser aplicadas. Esta interrupción del ecosistema ha traído graves consecuencias a nuestro ambiente, pero aún no es demasiado tarde. Existe un tipo de actividad ecológica a las que no se le ha tomado la debida atención, y que parece traer un beneficio enorme para nosotros como sociedad: los tejados verdes.

Para Dante Jiménez, Coordinador Operativo del UNIHUERTO Urbano, “los beneficios que traen son muchos; tales como la resiliencia del hábitat del ecosistema natural donde, aunque sea solo ese espacio, ya se le está devolviendo a la naturaleza una parte en la que los animales, insectos y pájaros pueden vivir. También traen un beneficio social y personal, siendo este un lugar donde incluso se pueden generar alimentos y recursos, incorporando la naturaleza en nuestras vidas diarias”.

Si bien todos, en teoría, tenemos este derecho urbano – a la ciudad, a disfrutar de ella y vivir en la misma-. Cuando uno se pone a analizar la situación, nos damos cuenta que las ciudades son entes vivos; de alguna manera, están en constante crecimiento y, de manera muy desorganizada, se deforman y toman condiciones que a veces no son adecuadas para las personas. Lo que UNIHUERTO busca, es crear una adaptación de nuestro contexto urbano a uno más natural, restableciendo plantas, árboles y animales para volver a generar esta simbiosis perdida en el tiempo.

“Ellos no pueden estar sin nosotros y nosotros no podemos estar sin ellos. En lugar de seguir pensando que el ser humano es la cúspide de esta cadena, debemos ser los administradores y guardianes de estos espacios y recursos”, menciona Dante. “Al final del día, somos animales y entre mejor nos incorporemos con los otros animales, menos intransigentes seremos como especie”.

Pero, ¿Qué es lo que sucede con estos espacios en nuestro estado?, ¿Cuál es su principal problema? Para Dante, las industrias representan una amenaza para lo verde. Sin embargo, el mayor obstáculo es el ser humano y su falta de voluntad. Nosotros como ciudadanos podemos tanto modelar la demanda así como pedir a los gobiernos que regulen las actividades de estas industrias. Sobre todo, podemos tomar acción participativa por nuestra parte, porque mientras ninguna acción sea llevada a cabo, nada cambiará.

“Hay una legislación en la Ciudad de México, que debería aplicarse a nivel nacional. Se trata de separar la basura, separar lo orgánico de lo inorgánico. Pero a las personas no les gusta hacer esto. Hemos llegado a un nivel ridículo donde encontramos desde un huevo cocido hasta una simple naranja envueltos en plástico, ¿Por qué? Pues porque al ser humano le gusta todo rápido y fácil”.

Dante comenta que si bien estos tejados verdes representan un costo considerable, no significa que sea algo imposible de hacer. La agricultura y el cuidado de las plantas es algo que el ser humano ha implementado desde hace ya muchísimo tiempo. No debe ser algo muy sofisticado, “podemos tener pequeños cajones de cultivo, sistemas NFT (técnica de la película de nutriente) que ni siquiera van a tener sustrato, sino agua. La tecnología ha simplificado el cuidado de plantas a tal grado que hasta en marcas de catálogos o en internet, podemos encontrar estos sistemas que son muy fáciles de poner. Tan solo requieren sol, agua y nutrición, que se logran controlar de acuerdo al sistema de cultivo. Se puede cultivar en muros, pequeños contenedores, en techos, hasta en una ventana”. 

Pero estos espacios ¿son una solución definitiva o tan solo se trata de algo momentáneo? Dante asegura que son una tendencia que debe seguirse y aprovecharse. “Las instalaciones pueden durar hasta cien años, y eso sin mantenimiento. Tenemos 500 metros cuadrados de colector pluvial. Incluso tenemos planeado el crecimiento de este tipo de espacios con abastecimiento de la zona universitaria usando celdas solares de energía. Intenciones ya hay, así que esto, pasajero no es. Llegamos para quedarnos”.

Sin duda alguna, son palabras contundentes que dejan en claro la intención con la que se han llevado a cabo estos espacios. Se busca revivir lo que alguna vez fue, donde las flores abren sus pétalos al sol, la brisa sopla entre las hojas, los abejorros revolotean entre las plantas, llevándose consigo el polen y esparciéndolo. Proyectos como UNIHUERTO son un intento esperanzador donde lo verde pueda volver a tomar lo que fue suyo.

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