¿Y ahora qué?: La educación pospandemia

Comparte

Por: Rolando Morales Flores
Ilustración: Jaime G. Rueda

La pandemia por COVID-19 cambió el paradigma de nuestra vida cotidiana en muchos sentidos. Tras un largo periodo de encierro en el que los estudiantes y docentes se adecuaron a una situación sin precedentes, el regreso tras un huracán de acontecimientos resulta impactante ver cómo las cosas han cambiado.

En los días pasados, la Organización Mundial de la Salud decretó el final de la emergencia internacional por COVID-19, la decisión considera cerrada una alerta tras 765 millones de diagnósticos y 6.9 millones de muertes, según el recuento oficial. Específicamente en México, cuatro días después, el pasado 9 de mayo, el presidente Andrés Manuel López Obrador ha firmado un decreto que pone fin a la emergencia sanitaria por COVID-19 en el país, iniciada el 23 de marzo de 2020, hace ahora tres años.

La pandemia por el coronavirus ha dejado en México alrededor de 334,000 muertes y más de siete millones de contagios desde su inicio, según las cifras del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt).

El subsecretario de Salud mexicano, Hugo López-Gatell, ha asegurado que el país cumple con las características promovidas por la OMS para suspender la emergencia sanitaria, es decir, una tendencia a la baja de contagios y fallecimientos con altos niveles de inmunidad entre la población.

A pesar de esto, la OMS aclaró que el fin de la emergencia sanitaria no quiere decir que el problema relacionado con el COVID-19 haya terminado. Todavía es una enfermedad nueva de la que quedan cosas por aprender mientras se sigue cobrando vidas y llevando a pacientes a cuidados intensivos.

Debido al confinamiento por COVID-19, la totalidad de las escuelas emplearon diversas medidas para continuar con el proceso educativo de manera remota con los alumnos y docentes. Por la extensión de este periodo es obvio afirmar que las consecuencias posteriores han tenido un gran efecto en la comunidad educativa.

La pandemia ha impuesto un cambio en la educación a más de 36.6 millones de estudiantes en México, de acuerdo con los datos de la Dirección General de Planeación, Programación y Estadística Educativa, 2021, de los cuales alrededor del 11.1 % se encuentran cursando la educación superior, lo que se traduce en abandono escolar de un poco más de 300 mil estudiantes es decir, cerca de un 8 % de la cifra total.

De acuerdo con la analista y periodista Martha Eva Loera , la educación “vive una catástrofe silenciosa en el contexto de la pandemia, que se traduce en un proceso veloz de desinstitucionalización y que se enraíza en distintos componentes de la vida social y pública”. Lo cual podría estar relacionado directamente con los distintos desafíos (institucionales, socioafectivos, logísticos, pedagógicos y tecnológicos).

Estos eventos desencadenaron un escenario para el que no se tenía una preparación previa, por lo que de forma acelerada se optaron por medidas tecnológicas a la mano, tales como el uso de herramientas para conferencias y videollamadas en línea, como lo son Zoom, Meet y Microsoft Teams.

El número de usuarios de la plataforma de videoconferencias Zoom creció un 400 % al pasar de 75 millones a 300 millones de usuarios a nivel global, desde finales de 2019 a la fecha, es decir, desde que fue decretada la pandemia de la COVID-19. Mientras que el empleo de Teams ha crecido un 50% en los últimos años. Según el CEO de Microsoft, Satya Nadella, 270,000 instituciones educativas han decidido utilizar su herramienta para el aprendizaje remoto.

Por lo tanto, los estudiantes se vieron obligados a realizar esfuerzos de adaptación ante los nuevos procesos de aprendizaje, aunado a la tarea de motivación constante, puesto que, en comparación con el paradigma presencial, la educación a distancia depende de que los estudiantes controlen y sean responsables de sus propios cursos educativos.

El rezago educativo es otro punto que hay que tomar en cuenta, ya que resulta evidente que la calidad educativa en este periodo de tiempo se vio afectada a raíz de luchar con un problema que evolucionaba conforme las semanas pasaban. La emergencia derivada de la pandemia de covid-19 causó en México un rezago educativo de hasta tres años por alumno en el largo plazo, estimó el Centro de Estudios Espinosa Yglesias. Esta información se basa en el Índice de Progreso Social 2015-2021, el cual reveló que en 28 de los 32 estados del país hubo un retroceso en el acceso a conocimientos básicos de niños y niñas entre preescolar y secundaria.

Una de las consecuencias que dejó entrever la pandemia y la transición a clases en entornos digitales, fue la profunda brecha digital al mostrar una profunda desigualdad entre la población. En el caso específico de México, el 65% de los hogares en zonas urbanas cuentan con acceso a internet y solo el 23% de las zonas rurales disponen de este servicio, de acuerdo con datos de la Unión Internacional de Telecomunicaciones.

Los datos expresan la realidad de la desigualdad social en México y una marcada brecha digital entre zonas urbanas y rurales. En México la Secretaría de Educación Pública estimó que 18,794,960 mujeres y 18,794,651 hombres (de una población total de 126,010,024) vieron transformadas sus viviendas en espacios para el aprendizaje.

La generación de estudiantes universitarios que empezaron su carrera en el año 2020 enfrentaron retos totalmente nuevos, debido a que no tuvieron la oportunidad de forma presencial con sus demás compañeros, al menos al inicio de su educación universitaria. De acuerdo con el portal web RISE, más del 75% de los estudiantes señalaron haber sido afectados con crisis de ansiedad y depresión a partir del confinamiento por COVID-19.

Uno de los puntos más preocupantes son las proyecciones laborales que enfrentarán los estudiantes hijos de la pandemia. De acuerdo con datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, los empleos de muchos sectores económicos han sido afectados, en consecuencia los recién egresados experimentarán una serie de restricciones y una profunda disminución en las ofertas laborales.

Basado en la información de la misma CEPAL, se observan diferencias significativas por ramas de actividad, e incluso, diferencias por grupos sociodemográficos (diferencias por género, edad, nivel educativo). La generación de egresados por la pandemia ha incursionado en un mercado con esquemas de trabajo que, en general, perciben un menor ingreso.

De acuerdo con estudios realizados por el Instituto Internacional de la UNESCO para la Educación Superior en América Latina y el Caribe (IESALC) los principales problemas a los que se han enfrentado los estudiantes son los siguientes: problemas financieros, ansiedad general por la pandemia de COVID-19, aislamiento social, problemas de conectividad, falta de equipo de cómputo, problemas de comunicación con docentes e incluso con compañeros estudiantiles y problemas para mantener un horario regular con los estudios.

Aunque estos desafíos no solo fueron experimentados por los estudiantes, sino también por los profesores. El paradigma de enseñar desde el confinamiento ha puesto en evidencia las limitantes de los docentes en el uso de las plataformas digitales. Según Francisco José García-Peñalvo y Alfredo Corell en su artículo La evaluación online en la educación superior en tiempos de la COVID-19 señalan que unos de los principales problemas fue la falta de capacitación inicial y la carencia de competencias digitales, a lo que las instituciones educativas tuvieron que responder con entrenamientos de emergencia en el uso de las plataformas requeridas.

El IESALC menciona el término coronateaching para referirse al “proceso de transformar las clases presenciales a modo virtual”, pero sin cambiar la metodología. Actualmente, el término se utiliza para denominar a un fenómeno que tiene implicaciones psicológicas y afectivas, experimentadas tanto por los docentes como por los estudiantes, al enfrentarse a un exceso de información digital a través de las plataformas tecnológicas. Actualmente, muchos docentes señalan que se sienten agobiados y frustrados por la falta de habilidades digitales, además de los problemas y limitaciones de conectividad.

Estos elementos ya mencionados aún se mantienen hasta nuestros días, incluso con el regreso a una “normalidad” medianamente reconocible. Es innegable que las consecuencias de este hecho que nos ha marcado para siempre puede resultar catastrofista. Sin embargo, nuestro principal reto, además de los ya mencionados, es no olvidar que entre tantos problemas, fuimos capaces, desde nuestra condición individual, de salir adelante.

Ese debería de ser el objetivo real, tomar en cuenta nuestras diferencias estructurales y aplicarlas en el contexto educativo. Somos una especie que se adapta constantemente, el trabajo inmediato de docentes y estudiantes es tomar todo lo que nos sirvió durante el confinamiento y aplicarlo en nuestra nueva realidad. Quien sabe tal vez para las próximas pandemias podamos estar mejor preparados.

TE RECOMENDAMOS: