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Por Jaime González Rueda
Ilustración de Jaime G. Rueda

Patas de conejo, tréboles de cuatro hojas, herraduras de caballo, cazadores de sueños, toritos de Pucará, y la lista puede seguir y seguir… La superstición y todo aquello ligado al mundo esotérico es la guía para el actuar de muchas personas alrededor del mundo. Según un estudio de Gabinete de Comunicación Estratégica (GCE) de 2021, 30.9% de la población en México considera que los horóscopos son muy importantes. Las creencias en lo sobrenatural no son nuevas, pero uno pensaría que estas se han erosionado frente al mundo tecnológico, algo que no es del todo cierto.

En el caso de los fantasmas, y según una encuesta publicada por el medio CNN en español, las creencias en estos entes han subido 400% entre los estadounidenses desde finales de la década de 1970. La respuesta a esta explicación tal vez sea la necesidad de creer en algo más allá de lo que tocamos,olemos y palpamos.

Y si bien, las religiones no se consideran creencias esotéricas, es interesante ver cómo se comportan las estadísticas cuando hablamos de estas creencias. Se podría pensar que el mundo está frente a una supuesta ola de ateísmo, pero esto tampoco es del todo cierto. En Corea del Sur la Iglesia Católica ha experimentado un crecimiento del 70% en las últimas dos décadas, habiendo más de 5 millones de feligreses en aquel país asiático.

Aunque modernas, tecnológicas, sumergidas en el internet, pareciera que las sociedades del siglo XXI se resisten a dejar atrás el mundo de lo mágico, lo esotérico y lo religioso. Cambiar lo espiritual por los bits no es del agrado total de la población, por lo menos si consideramos este mundo inexplicable como una forma de “exoplicar” nuestra propia existencia.

Querido lector, en este número exploramos el impacto del esoterismo en los campos del arte, la ciencias y la vida cotidiana, además de buscar ese componente curioso que da sentido a nuestra existencia, porque ¿Qué sería la vida sin esa chispa de credulidad?

¡Felices Lecturas!

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