GALERÍA DE EGRESADOS – ENTREVISTA CON OSCAR FELIPE REYNA JIMÉNEZ

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Oscar Felipe Reyna Jiménez es egresado de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí. Es doctor en Antropología del Desarrollo y Cambio por la Universidad de Wageningen en los Países Bajos. Ha sido investigador y catedrático en diversas instituciones de educación superior como El Colegio de San Luis, la Universidad del Centro de México, la Universidad Autónoma de San Luis Potosí y la Benemérita y Centenaria Escuela Normal del Estado de San Luis Potosí. 

¿Por qué decidiste estudiar Ciencias de la Comunicación?

ME gustó que el plan curricular estaba muy orientado hacia la investigación, a la cuestión sociocultural y los problemas contemporáneos. La generación a la que pertenezco es la del “brinco”, entre las personas que crecieron en el mundo comunicativo tradicional y aquellos que nacieron con las tecnologías digitales. Nos tocó esa transición. Creo que la carrera me gustó por la posibilidad de vincular realidades y producir mensajes; sobre todo de incidir en los cambios sociales.

Posterior a la licenciatura, realizaste estudios de posgrado en Antropología. ¿Cuál es la diferencia entre un antropólogo de base y alguien con estudios en comunicación que posteriormente incursiona en la Antropología?

Es una comparación interesante. La comunicación te brinda una perspectiva distinta, una perspectiva no lineal, hipervinculante, multidisciplinaria, transdisciplinaria incluso, que te prepara para observar las cosas de manera diferente a otras personas que están inmersas en un purismo disciplinario. Es un potencial inmenso que no nos damos cuenta de ello, el carácter genérico de la carrera.

Cuéntanos de ese posgrado en Antropología del Desarrollo y Cambio, en Wageningen en Países Bajos.

Es un programa que decidí estudiar después de Antropología Social en el Colegio de San Luis. Me di cuenta que la Antropología tiene muchas herramientas para estudiar cuestiones sociales, pero no las tiene en una perspectiva contemporánea, de alta complejidad, porque la antropología surge, entre comillas, para estudiar sociedades “no complejas” o “primitivas”. Pero qué sucede cuando alguien trata de incidir cuestiones super cambiantes como son los conflictos socioambientales, que son cosas que han sucedido muy recientemente, al cuestionar paradigmas.

¿Cuestiones tecnológicas?

Sí, pero también cuestiones de cambio social, es decir cómo entender una sociedad mutable, con subjetividades cambiantes, y que en otro marcos las podríamos ver como estáticas. Entonces decidí buscar las herramientas para entender la realidad de manera más compleja, amplia y profunda. En el Colegio de San Luis conocí a la Dra. Horacia Fajardo y me encantó la forma en que ella observaba el mundo, desde la comunicación. Ella era médico de origen, con estudios posteriores en Antropología en la Universidad de Wageningen. Cuando le decía que no podía entender ciertas realidades complejas con estos marcos tan específicos, me respondía: “no te olvides de que eres comunicólogo, debes ver los fenómenos sociales, no como una proyección de un sistema de creencias, sino como un proceso de interacciones”. Me abrió los ojos al compartirme su escuela de pensamiento, así terminé en Wageningen.

¿Qué buscabas ahí?, ¿una línea antropológica no tan purista?

Entender cómo la sociedad se transforma en diferentes escalas, con diferentes actores que ni siquiera conocemos. Cómo las cuestiones no humanas: las plantas, animales, minerales y el cielo tienen cierta agencia sobre nosotros. La línea de Wageningen consiste en ver el universo como un todo, partiendo de la idea de que la ciencia es también una construcción social, no algo inalcanzable, que puede ser rebasado en cualquier momento. Entrar en debates filosóficos más amplios; saber cómo el humano ha formulado ciertas prevalencias con respecto a lo que es el conocimiento; lo que es válido y aceptado, y lo que no.

Con los cambios que tenemos por el Covid-19, nos damos cuenta que en el mundo estamos interconectados en una red inmensa, donde tienen que ver los humanos y sus comportamientos, pero también las plantas, medicinas, los virus, las mutaciones y el ambiente. Esto nos da una explicación de cómo la realidad es sumamente compleja y no estamos acostumbrados a verla de esa forma. El estudiar en Wageningen me ayudó a conocer esas teorías y metodologías que hablan de una relación humano-ambiental. 

Es una universidad especializada en ciencias de la vida y cuestiones como biotecnología, agroindustrias y agroecología. Tiene un espectro muy interesante de entender el mundo; las problemáticas de la comida, el cómo nos alimentamos o entendemos el ciclo corporal de la alimentación, entender la humanidad en un concepto extendido, que abarca todos estos procesos interrelacionados.

¿En México viste cortos los alcances de la Antropología para lo que querías?

Digamos que la línea en México es más purista y no se adapta a una realidad compleja.

¿Para qué sirve la investigación?

La investigación no puede existir, o no tiene sentido sin la comunicación. El proceso de investigación es un proceso de comunicación, en donde se descubren ciertas cuestiones y se tienen que dar a conocer para incorporar estos discursos en los imaginarios contemporáneos y nos ayuden a tomar decisiones, a entender el mundo y generar alternativas en la alimentación, desarrollo, consumo y explotación de recursos naturales; en la forma de vida que llevamos actualmente.

Entonces, debe haber un canal de comunicación con el gobierno y los entes de toma de decisiones, ¿En México has tenido acercamiento con alguna autoridad?

Las tomas de decisiones que se dan a nivel vertical, de arriba hacia abajo, son una opción. También las hay de abajo hacia arriba, lo que se conoce como “globalization from below”, globalización desde abajo. Las personas como agentes sociales, pueden llegar a desarrollar agendas propias y subirlas a la globalidad, impactar en lugar de que los estados nacionales se den cuenta de las problemáticas. Más que conciencia, es darse cuenta de la existencia, hay una frase que me encanta: “no es tanto una resistencia como una existencia, si resistes es porque hay fuerzas opresoras que están tratando de hacer cierta presión”. Resistir es algo muy frágil, pero si te das cuenta de la existencia de lo que tienes puedes generar ciertas acciones y cambios. 

¿El cambio social, antes que el gubernamental?

Sí, ahí entra la comunicación otra vez, los procesos de interfaz, que es un concepto clave de la escuela de Wageningen. Ver como hay ciertos procesos de negociación que parten de la sociedad civil a los entes de gobierno. Cuando hay cierto énfasis en la negociación, más que en los resultados, por ejemplo de programas sociales, uno puede entender que hay posibilidad de acción que beneficia a todos o a la mayoría.

Parece que en México la investigación queda relegada por parte de las autoridades políticas, no como en los Países Bajos donde la ciencia tiene un peso sobre lo que se hace a nivel político.

La gente también debe tener un peso. Algo que me encanta de los Países Bajos, es el modelo “pólder”, presente en su sistema educativo. Literalmente los pólderes son los terrenos que se ganan al mar. Para hacer un “polder” en la mentalidad holandesa, se toma en cuenta la opinión de toda la población, una especie de referéndum para decisiones específicas, sin importar el grado educativo. Es un proceso muy largo y complicado, pero que es parte de su educación desde niños. Holanda está susceptible a inundaciones. Por ejemplo, si un barrendero tuviera una idea que aportar, aunque podamos creer que sea absurda, o que no tiene educación, existe la posibilidad de que esa idea los salvará de una inundación. 

Es algo que no tenemos en México. Nosotros estamos acostumbrados a tomar decisiones desde arriba, desde el gobierno, los académicos, o la ciencia. Simplemente es para ganar puntos CONACYT; no se comunica ni hay acción social, incluso es mal vista. Los pólderes son instrumentos que no tenemos, porque estamos en una comodidad impresionante, no hemos tenido carencias de tierras, tampoco estamos susceptibles a devastaciones climatológicas.

Tienes una línea de investigación cercana a temas ecológicos, ¿de dónde viene ese interés? 

Mis amigos dicen que es por haber nacido el 5 de junio, el día mundial del medio ambiente (comenta entre risas). Siempre me ha llamado la atención esta relación humano-naturaleza; porque somos el medio ambiente. El hecho de que nos percibamos desconectados genera una crisis civilizatoria impresionante. Me preocupa mucho, pero creo que a partir de la comunicación, educación y comprensión del mundo de una forma diferente podemos acceder a una realidad mejor. En un mundo donde podamos consumir y producir sano para estar en paz. 

Como comunicólogo de base y posteriormente como antropólogo, ¿cómo es tu proceso de divulgación científica?

Siempre he estado vinculado a organizaciones sociales y me agrada dar a conocer estas cuestiones que son bien complejas, en palabras “de a pie”. Los procesos específicos son con la gente; con los alumnos. Siempre me ha gustado generar en los alumnos una perspectiva diferente de lo que se espera de los maestros; incentivarlos a pensar y luego a actuar, incluso a sentir. En nuestro mundo occidentalizado pareciera que los afectos tienen que ser aparte de lo racional, pero creo que es un componente para el cambio social; sentir empatía con otras causas. Podría resumir que me dedico a buscar puentes de comunicación entre discursos que parecieran no estar conciliados. Buscar desde los discursos tecnocientíficos las bases para poder cuestionar el género, la clase, las funciones y demás. No todo es como nos enseñan a percibirlo.

¿Qué tan difícil es insertar lo aprendido en Wageningen, desarrollo y cambio, a la realidad mexicana?

Creo que es muy fácil en el sentido de que el cambio está presente en la sociedad mexicana. Vivimos en una sociedad con un dinamismo superior al europeo. Allá tienen siglos en la tradición de los derechos humanos, ellos están en su nube de algodón, pero nosotros estamos en un “estira y afloja” de muchas cuestiones, como los movimientos animalistas, feministas, ambientalistas; la lucha por todos los derechos humanos y no humanos están a la orden del día. Estamos en el momento de incidir en la búsqueda del bienestar de la mayoría.

¿Transitar a una sociedad postindustrial?

Yo diría a una sociedad posthumana.

¿Se puede?

Creo que sí, entendiendo al humano como un constructo social. Ese humano que tiene que ser blanco, sexualizado, racializado, binario, separado del medio ambiente. Totalmente racional y no afectivo. Toda esta idea de humano que viene de una educación que nos cuadra y nos hace receptivos. Una concepción de humano que es superior y fue puesto para dominar la naturaleza. Cuando te das cuenta que es un constructo puedes tratar de deconstruirlo. 

¿Qué significa para ti la docencia?

Es maravillosa. Es un punto de acercamiento con las próximas generaciones que pueden incidir en cambios sociales. Así tendría que ser la academia, no solo transmitir conocimiento, sino una exploración para compartir y generar inquietudes, para incidir en el cambio social.

¿Es difícil vivir de la investigación en México?

En México el sistema de investigación está basado en premios, recompensas y castigos. La investigación la concebimos como un proceso metodológico aburridísimo. Pero tendría que ser un proceso de descubrimiento y que se aplique incluso en ámbitos profesionales, como el periodismo. Se ha tomado como algo aparte que se encajona. Se tiene que reposicionar.

¿Qué les dirías a tus alumnos que se interesan por la investigación a nivel profesional?

Es un camino difícil en cuanto a insertarse en un espacio laboral, pero no por ello dejen de lado sus aspiraciones. Encuentren las temáticas que les interesan, no permitan que influyan personas externas en los intereses que se tienen.  Y que se den cuenta  de la potencialidad que tiene la comunicación como base de otros tipos de investigación. 

Comunicación en 4 palabras:

Interconexión con el universo.

¿Hacia dónde vas?

Una tarea pendiente que tengo es demostrar que se pueden generar dinámicas sociales distintas. Dar a conocer que hay procesos en los que vivimos diariamente, pero que no nos damos cuenta. Me encantaría desarrollar una línea de investigación con jóvenes, sembrar la semilla de la transformación del cambio y la agencia social.

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