CANADÁ: LA NACIÓN MOSAICO – Cultura, lenguaje e identidad canadiense

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REDACCIÓN POR: Mariana Mesa Costero

 

“Oh Canadá”, es la primera frase del himno nacional, y para los que hemos tenido la oportunidad de visitar o vivir en este país, resulta ser casi que un eslogan. Canadá se jacta de ser una nación multicultural, abierta para todos y dispuesta a buscar formas de integración para los recién llegados, o “newcomers”, como nos distinguen. Si bien me es difícil definir específicamente lo que significa ser canadiense o quien es canadiense y quién no, personalmente lo “canadiense” es una mezcla de etnias, razas, culturas, idiomas con sabor a maple. 

Lo que implica para Canadá al ser una nación multicultural son las influencias sociopsicológicas y macroestructurales que adoptan sus inmigrantes. Además de las prácticas lingüísticas, si es que del contexto del que uno proviene, maneja otro idioma. Estos discursos yuxtaponen la identidad lingüística con el peligro de la pérdida del lenguaje propio (en términos de los referentes contextuales no del vocabulario en sí); o el “orgullo” del lenguaje individual (nuestros referentes culturales) con la “vergüenza” hacia el lenguaje social (ya sean significados, significantes, pronunciación o acentos diversos, incluso la identidad). Es decir, lo que nos representa, contra lo que queremos adaptar o adoptar. Como tal, ellos -los discursos- exponen las formas en que la lealtad del lenguaje es vinculada a la distribución del poder y los privilegios en la sociedad en general.

Si bien es complejo definir esta identidad del “ser canadiense” no cabe duda de que la población en general se identifica con los colores blancos y rojos. Canadiense podría ser aquel que entienda la referencia de pedir un “double-double” (dos de crema con dos de azúcar) en Timmies (Tim Hortons), o el que cuenta con una residencia permanente o incluso la ciudadanía, muy vagamente hablando. Cada quien diría yo. Aunque, por supuesto, que, si es del interés del lector adentrarse a los temas, deben existir varios trabajos escritos y expertos sobre el tema, que no es mi caso.

La cosa está en cómo se ve afectada tal identidad como un “nuevo/recién llegado” canadiense, empezando por el lenguaje. Zhang (2013) demuestra que los hablantes bilingües son sensibles a las señales culturales en el medio ambiente que señalan la presencia de los nativos en el idioma. Esa lengua nativa, las señales de identidad y la cultura son determinantes poderosos dominantes de la interpretación del lenguaje. Estos “nuevos bilingües” son más rápidos en nombrar situaciones culturalmente específicas del lugar al que llegan. Mismas que van pasando de largo para los que se encuentran ya inmersos o forman parte de la cultura propia desde el principio. Ya sea en Canadá o cualquier otro país al que se llegue. 

La importancia del concepto de identidad radica en su relación con el conocimiento y la acción, pero estos vínculos son complejos. Una noción tradicional de identidad es de algo esencial sobre nosotros mismos, un núcleo fijo y estable del “yo”. Más recientemente, sin embargo, la identidad ha sido vista como un proceso continuo y performativo. Un proceso en el que los individuos recurren a diversos recursos para construirse a sí mismos. Este proceso se ve como emergente a través de las narrativas sobre la práctica.

Esto se ve reflejado hacia el interior y exterior considerando cómo el curso temporal y el alcance de este mecanismo inhibidor puede ser modulado por señales culturales y cómo esa modulación puede depender del contexto del uso del lenguaje. Es decir, si el bilingüe está completamente inmerso o si se encuentra en un entorno semejante al de su lengua materna o con los de su propia raza.

Desde el interior, la conformación de Canadá, a diferencia de otros países, no fue monocultural, pues contó con la presencia tanto de franceses como de británicos al mismo tiempo. Y que a manera de disminuir conflictos se aceptaron ambas como partes indispensables en la constitución del país. Indudablemente este proceso de conquista quedo enmarcado en sus principios constitucionales: orden, progreso y buen gobierno. Ideales que permean a la sociedad canadiense de manera colectiva y no individual. Por ejemplo, para Estados Unidos, la libertad y la felicidad son los pilares de su conformación, que denotan una aproximación un tanto individualista a mi parecer. Pero, retomaré este punto más adelante.

Algunas de las repercusiones en la conformación de una nación multicultural se demuestran al ofrecer servicios de salud gratuita, tanto a sus connacionales, como a cualquier inmigrante, ya sea recién llegado o refugiado. Así como el trato a sus poblaciones indígenas, que, si bien no todo ha sido positivo, al menos se contemplo la idea de otorgar zonas geográficas, llamadas reservas, en lugar de querer “civilizarlos”. También la apertura hacia los menos favorecidos, con programas para apoyar tanto a refugiados políticos, como a refugiados económicos. 

La manera en cómo conviven diferentes etnias en un mismo país explica de qué forma se construye tanto su concepto identitario como el de la sociedad. Ya que cuando los conceptos pueden volverse culturalmente ligados a la experiencia, presumiblemente, sus íconos culturales involucran un mecanismo que es compartido por imágenes culturalmente específicas que se vuelven comunes, como lo son los museos. Independientemente del bagaje cultural propio que acarree el individuo consigo o de su procedencia.

Por lo tanto, lo que difieren en dos lenguajes son los mecanismos que regulan el acceso a los procesos de control cognitivo y que permiten a los bilingües hablar el “idioma” previsto. Cabe aclarar que el idioma en este sentido refiere no solo a la lengua, sino a los códigos sociolingüísticos como tal. La cultura es el requisito que se tiene para activar estos mecanismos de control cognitivo que se hipotetiza para dar cuenta de las observaciones y las experiencias vivenciales en el ámbito de la función ejecutiva (la praxis educativa). Sin embargo, con las diferentes formas de “bilingüismo cultural” (la cultura y la identidad propias, junto con las nuevas) y las diferentes lenguas en un país multicultural, es probable que los contextos culturales y estas redes cerebrales se involucren de distintas formas.

A través de la disociación del lenguaje y la cultura es que se aprecian diversos tipos de manifestaciones culturales cuando se conjuntan tan distintas formas de vivir y de pensar. Claramente no se podría esperar los mismos efectos entre los nativos, los visitantes y los recién llegados (“bilingües culturales”). Para los nativos las palabras y los conceptos fueron adquiridos al mismo tiempo y en el mismo contexto. Para los visitantes, se pasa por un proceso de aculturación, esto es, asimilar la cultura a través del propio contacto cultural. Pero, para los “bilingües culturales”, se sufre un proceso de transculturación; es decir, se incorporan elementos culturales nuevos, ya sea porque se disocian unos, se pierden otros o se integran a los originales, formando así una nueva identidad cultural. De todos modos, lo que esto posibilita es que a través de diferentes grupos hay sensibilidad a la presencia de claves en el idioma y la cultura, pero que las señales, en sí mismas, no son consistentes para procesar cada una de estas nacionalidades de manera selectiva. De aquí que existan instituciones culturales y patrimoniales que aborden la diversidad dentro de sus salas, sus exhibiciones y sus programaciones educativas. La provincia de Ontario, de donde Toronto forma parte, cuenta con 700 museos y sitios históricos que juegan un papel invaluable en la construcción identitaria y la inclusión cultural. 

Canadá como “nación multicultural” significa que se compone de muchas culturas diferentes cuyos miembros, independientemente de su raza, etnia o país de origen, son considerados ciudadanos canadienses con los mismos derechos. Mientras que Estados Unidos ha seguido durante gran parte de su historia una política de asimilación en la que se espera que los recién llegados acaten las normas establecidas por una sociedad predominantemente blanca, Canadá integra a los recién llegados al país respetando su origen cultural o étnico.

Debe tenerse en cuenta que la política de integración y multiculturalismo de Canadá es el resultado de una larga y compleja -incluida racista- historia de conflicto, compromiso y acomodación entre los dos primeros grupos europeos de colonos franceses y británicos y los pueblos indígenas nativos. Esto hizo que Canadá fuera diferente de la mayoría de los demás Estados nacionales del mundo.

La actual política multicultural de Canadá fue precedida por una política “bicultural” franco-inglesa que implicaba que ningún grupo, francés o inglés, podía dominar al otro. Sin embargo, las dos naciones fundadoras siguieron prácticas de asimilación y un enfoque de orientación racista con respecto a los pueblos indígenas. Además, durante gran parte del siglo XVIII y XIX favorecieron a los inmigrantes de países europeos blancos basados ​​en un enfoque de “país de origen”. Esto cambió en 1962 con un “sistema de puntos” que puso énfasis en las relaciones familiares, el conocimiento del inglés y/o del francés (que facilitan la integración), las relaciones familiares (como una red de apoyo para los recién llegados) y un enfoque más orientado al mercado con puntos otorgados por habilidades y capacidades que están en demanda (“la crème de la crème” de la migración). 

El sistema de puntos entró en vigor en la nueva Política de Inmigración de 1967 que también llevó a llegar a naciones no europeas del mundo que procesaban un gran número de solicitantes inmigrantes no blancos… formando con el tiempo en grandes minorías étnicas.

Este nuevo proceso de selección, junto con los servicios de formación lingüística y de la mano de obra y otros servicios como los servicios multiculturales, ha desempeñado en el corto período de 50 años un papel importante para alentar a los recién llegados a solicitar la ciudadanía y convertirse en participantes plenamente integrados en este contexto cultural más amplio. La sociedad del mosaico.

Mientras tanto, Toronto, la ciudad más grande de Canadá, se ha convertido en una, si no la ciudad más multicultural y étnicamente diversa del mundo, donde las personas de identidad inglesa han pasado de ser una mayoría a otra minoría étnica junto con todas las demás… vivir en paz a través de las prácticas de compromiso y acomodación.

Curiosamente, como recién llegada y proveniente de un país latinoamericano, en vías de desarrollo y de habla hispana, mi idea de multiculturalidad era más de conjunto. Al estar viviendo aquí durante algunos años uno ve que, si bien hay una variedad interesante de culturas, no existe una mezcla entre tal de estos grupos. Juntos, pero no revueltos, como dicen. Cada subgrupo de la población se rodea de su propia cultura, ya sea por mantener viva la lengua, por seguridad, por apoyo, por homogeneidad cultural, por tradición, por necesidad. Incluso hay diversos barrios o áreas donde la concentración de dicho grupo étnico es mayor que en otras partes, por lo que tanto restaurantes como oferta cultural van muy bien dirigidas. Incluso las calles están escritas en idioma original, como por ejemplo en el barrio griego (Greektown).

Un sello distintivo del sistema nervioso central es su tremenda capacidad de cambio como producto de la experiencia. Este cambio es la forma de aprendizaje que surge en función del entrenamiento a lo largo del tiempo. Es aquí donde la programación educativa de los museos se vuelve relevante al considerar las diversas formas de pensar en un ambiente multicultural.

Si bien hay cada vez más más estudios que pretenden demostrar un vínculo entre participación en ciertas actividades y las ventajas cognitivas generales, un área de estudio que continúa demostrando asociaciones entre actividades de toda la vida y efectos generales, es el funcionamiento cognitivo que se da en los museos. Y que se relaciona con el enriquecimiento cultural o lo que Hebb (1947) o Fratiglioni (2004) describieron como hipótesis de desarrollo cognitivo. De acuerdo con esta hipótesis, una amplia variedad de factores específicos del estilo de vida tiene efectos beneficiosos generalizados sobre el buen funcionamiento cognitivo en la vejez. Recordemos que Canadá se caracteriza por tener una amplia población en edad avanzada.

La pertenencia cultural y la integración identitaria que busca Canadá como nación multicultural no podría obviar las aportaciones de la UNESCO y sus implicaciones para la política lingüística a nivel internacional. En particular, me refiero a dos convenciones relevantes para la formulación de políticas lingüísticas, la “Convención sobre la Protección y Promoción de la Diversidad de expresiones culturales” (aprobada en octubre de 2005) y la “Convención para la salvaguardia de Patrimonio Inmaterial” (que entró en vigor en abril de 2006). 

La adopción de la primera fue precedida por una controversia ampliamente publicitada sobre el estado de actividades y bienes culturales en relación con acuerdos comerciales y proteccionismo. La segunda es un complemento del programa del Patrimonio Mundial de la UNESCO, que proporciona una lista similar de expresiones de patrimonio inmaterial (incluidas las tradiciones orales). De aquí que la apropiación lingüística sea una de las claves para modelar lo que significa la cultura canadiense. 

Quizás algo de lo que debemos aprender de esta nación en otros países para convivir mejor sea el uso de dos o más idiomas, aunque entendido como un fenómeno en el que la lengua, la cultura, y la cognición interactúan abiertamente dentro de la mente de los individuos y de la sociedad. Cabe destacar que el bilingüismo no es un fenómeno categórico. El bilingüismo adopta diferentes formas en diferentes culturas y contextos. Su viabilidad tiene implicaciones no solo para la comprensión (soportando el uso de dos o más idiomas), pero también por lo que nos dice más generalmente sobre la identidad cultural.

La multiculturalidad supone una diversidad en el lenguaje, de hecho, es parte integrante de todas las culturas vivas, ya que la diferencia social encuentra expresión en la diferencia lingüística. La nivelación (homogeneización) es, sin embargo, más difícil de definir de una manera que se aplique a todos los idiomas y aún más difícil de adaptar entre culturas. 

El impacto en la integración de los inmigrantes y el multiculturalismo es sin duda una de las grandes diferencias -y logros- en la Constitución de Canadá opuesta a la de los Estados Unidos. Por tomar de ejemplo a nuestro otro vecino del Norte.

La Declaración de Independencia de los Estados Unidos y la posterior formulación de la Constitución fueron el resultado de un período revolucionario que priorizó “La vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad” como derechos inalienables de todos los seres humanos a ser protegidos por el gobierno. En el caso de Canadá, la Constitución ‘evolucionó’ gradualmente con el tiempo de un documento colonial a la actual Constitución independiente que pone énfasis en la “paz, el orden y el buen gobierno”, siguiendo los principios del federalismo, el estado de derecho, la democracia liberal y respeto por las minorías.

Tenga en cuenta que Estados Unidos enfatiza los derechos de las personas y el gobierno limitado, Canadá se centra en el papel del Estado.

Para concluir mi poco viciada opinión sobre Canadá, quisiera señalar el término francés “nivellement”. Que se entiende espontáneamente como eliminación de todas las diferencias, es decir, “estandarización” en el sentido fuerte, mientras que el término nivelación en inglés tiene el sentido más bien de “estandarizaciones parciales (“partielles“). El plural es importante y quizás podría ser mejor traducido de esta manera.

Por ello es por lo que Canadá de acuerdo con Victoria Hayward, en 1920, se describió con el termino de mosaico, puesto que es el lugar donde las distintas culturas se mezclan y se integran. Símbolo de inclusión y diversidad de su ideología nacional actual.

Algunas referencias para ampliar los temas expuestos:

Fratiglioni, L., Paillard-Borg, S., & Winblad, B. (2004). An active and socially integrated lifestyle in late life might protect against dementia. Lancet Neurology, 3, 343–353.

Hebb, D. O. (1949). The organization of behavior: A neuropsycho-logical theory. New York: Wiley.

Zhang S, Morris MW, Cheng C-Y, Yap AJ (2013) Heritage-culture images disupt immigrants’ second-language processing through triggering first-language interference. Proc Natl Acad Sci USA 110:11272–11277.

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